Azahar es el micrositio que resuelve lo que de verdad da lata: dónde duerme el invitado que viene de fuera, qué hace los dos días que le sobran, y quién confirmó de verdad. Con un catálogo de viaje curado detrás, no con una página en blanco.
Los atractivos, las rutas a pie, dónde comer. Escrito y revisado una sola vez por ciudad, con foto y liga a Maps. Cada boda elige de ahí — nadie vuelve a redactar el mismo párrafo sobre la misma catedral.
Les compartes la liga de su boda y una frase. Ven su lista y sus confirmaciones, y exportan a CSV. No hay usuarios que crear ni contraseñas que recuperar.
No es un formulario que manda correos. Cae en la base y se cruza con tu lista: cuántos vienen, de dónde, quién pide hotel. Y marca a quien confirmó sin estar en la lista.
Cada campo tiene su versión en inglés. Lo que no se traduzca cae al español solo, así que una boda a medio traducir nunca enseña un hueco.
¿Esta boda no lleva transporte? ¿No hay salón de belleza? Se apaga y desaparece de la página y del menú del teléfono. No queda un título vacío colgando.
Es donde se abre una invitación. Barra inferior fija, armada con las secciones que esa boda dejó encendidas, y el botón de confirmar siempre a la mano.
Les mandas una liga de ingesta. Los novios contestan lo suyo cuando pueden — se va guardando solo, no tienen que terminar de una sentada.
Sea donde sea la boda, el destino sale del catálogo: qué atractivos, qué restaurantes y qué hoteles van. Es marcar casillas sobre lo que ya está escrito, no redactar de cero.
Queda en su propia liga, /b/su-nombre. A partir de ahí los cambios se ven al momento, sin volver a maquetar nada.
Azahar no empieza cada boda con una hoja en blanco. Atrás hay una fábrica de datos de viaje que llevamos años llenando: cada atractivo anclado a su fuente, con foto, horario y liga a Maps.
Eso quiere decir que abrir una ciudad nueva no es empezar de cero: es traerla de la fábrica y curar el último tramo a mano.
Es la que está cargada y corriendo hoy en Azahar: quince atractivos y una ruta del centro de ocho paradas, en español y en inglés. Sirve de molde para las que siguen.






Cada ciudad se revisa a mano antes de entrar.La fábrica trae el grueso, pero nadie publica un destino sin que alguien lo haya leído completo. No sembramos lugares inventados — un catálogo con restaurantes falsos es peor que uno vacío.
Lo más rápido es ver una funcionando. El ejemplo es una pareja ficticia en Chihuahua, pero todo lo que se ve ahí es real: la ruta, los atractivos, la confirmación y el panel. En otra ciudad se ve igual, con su propio catálogo.